lunes, octubre 09, 2006

Y si no hay limbo, ¿a dónde irán los niños?

Sin duda una de las noticias más espectaculares de la pasada semana es la abolición del limbo por parte de la iglesia.

El limbo es un misterioso lugar estratégicamente situado entre el cielo y la tierra para acoger a los niños que han muerto antes de ser bautizados y también a aquellos hombres buenos que vivieron antes de la resurrección de Jesús. De hecho se puede hablar de dos limbos, el limbo de los niños y el limbo de los justos.

Aún mereciendo el cielo no podían ir a él porque estaban contaminados por el pecado original que sólo podía ser borrado por el bautismo. El limbo era lugar al que estaban destinados eternamente porque también el pecado original es eterno.

Sin embargo este concepto nunca ha llegado a formar parte de la doctrina de la iglesia sino que era una simple proposición teológica que ahora quedará desterrada definitivamente. A la pregunta de dónde van los niños, parece que la respuesta a partir de ahora será que irán directamente al cielo gracias "a la infinita misericordia de Dios".

Y es que manejando con la soltura con que maneja la iglesia términos como eternidad e infinitud, no es difícil encontrar respuestas a las preguntas más retorcidas.

2 comentarios:

Eduardo dijo...

te recomiendo que leas este post

http://www.internetpolitica.com/archives/valores_y_corrientes/estar_en_el_lim.php

Por supuesto va sobre el limbo y lo que contaminan algunos.
Un saludo

raúl solera dijo...

La verdad Eduardo es que no sé si he metido la pata o no.
Afortunadamente he señalado que el limbo nunca formó parte de la doctrina de la iglesia, pero no sé si he "contaminado".

Lo que ocurre, y por eso para mí la noticia tiene su peso, es que yo no estoy bautizado, al resultar esto una excepción en mi familia, de pequeño hubo momentos en los que lo pasé realmente mal pensando que si moría iría al limbo y no al cielo donde sí que irían mis padres y mis abuelos. Y además eternamente.

En cualquier caso la noticia que enlazo de El País sí que menciona especificamente que el limbo nunca ha sido doctrina y que por ello resulta un concepto más tratable que el infierno y el purgatorio.

Sobre estos dos asuntos en esa noticia no se insinúa que podrían desaparecer sino más bien han sido conceptualmente adaptados a la modernidad en un debate que sin duda honra a la iglesia.